La selección de Francia debutó este martes con un triunfo por 3-1 ante Senegal en el partido que abrió el Grupo I de la Copa del Mundo, que se juega en Estados Unidos, Canadá y México.
El encuentro, que se jugó en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, tuvo el arbitraje del australiano Alireza Faghani.
Los goles de la actual subcampeona del mundo los marcaron Kylian Mbappé -en dos ocasiones- y Bradley Barcola, ambos en el segundo tiempo. El descuento para los africanos lo hizo Ibrahim Mbaye.
Un chispazo de genio puede cambiar un partido entero. Corría la segunda mitad y Michael Olise entraba por la banda derecha con el balón controlado. Cuando levantó la cabeza se encontró un mar de camisetas senegalesas delante de sus ojos. No le importó demasiado, el jugador del Bayern encontró en esa escena un compañero, Mbappé, y tuvo tanto la calma como la precisión para ponerle el balón en los pies delante del arquero, Eduard Mendy. La resolución es una de esas que otros podrían fallar, pero desde luego no el 9 de Francia, que lleva marcando ese gol una y otra vez desde que es un adolescente.
La jugada era un recordatorio de que Francia tiene mucho talento, y eso es una fórmula mágica para romper los partidos que se ponen difíciles. Este, de hecho, lo estaba pareciendo. En la primera parte Senegal encontró ocasiones claras. Un palo de Nico Jackson, un balón que se pasea por delante de la puerta pero nadie acierta a rematar. El partido era bonito, vibrante, quizá no tanto por el ritmo frenético como por la sensación de que en el césped había talento suficiente para que se desencadenara la tormenta.
Daba la sensación en ese inicio de partido que Francia, con tanto vuelo, estaba falta del ritmo que exige la copa del mundo. Los ataques eran lentos, largos, tediosos, con poco espacio para la sorpresa o el vértigo. En algunas cosas se pareció a España el día previo, es evidente que ambas tienen jugadores de primer nivel, pero no siempre son capaces de descifrar equipos con los conceptos defensivos claros, como es esta Senegal.
Cambió todo en la segunda mitad, Francia subió una marcha, Olise se acercó más al mediocampo, ayudando en la construcción. Las secuencias de pases empezaron a ser más rápidas. Cuando llegó el gol de Mbappé, ya había tenido que estirarse Eduard Mendy. Más tarde, cuando el marcador ya estaba 1-0, todavía se extremó más la sensación de que Francia, al fin y al cabo, es uno de los favoritos para este torneo. El juego, finalmente, estaba a la altura de las expectativas.
También es cierto que nada cambia un partido como un resultado nuevo. Abre espacios donde no los había, obliga a quien estaba cómodo con el empate a buscar un discurso nuevo. Rabiot aprovechó ese nuevo duelo que se había abierto, y como a Francia no le faltan jugadores para rematar jugadas, vio claro que el pase a Barcola era el bueno. Era el minuto 81, y aquel envío iba a terminar en el segundo gol, una manera futbolística de marcar una sentencia para un partido.
Senegal había mostrado desde el principio que es un gran equipo, que viene en buena forma y que sus jugadores han demostrado en muchos escenarios que son de élite. Tuvo opciones sobradas para abrir el marcador, pero solo logró marcar al final, cuando el partido tocaba ya a su fin. Un golazo de Mbaye, otro joven prodigio, cuando ya el partido estaba en el descuento. No sabe a recompensa para el equipo, porque la derrota nunca lo es, pero por lo menos dejó una foto a la altura del desempeño de los africanos. Ese gol encontró su respuesta un minuto más tarde, con otro tanto de Mbappé, que marcó con un golazo desde lejísimos, otro clásico de su factoría. Ya estaban dadas las notas en ese momento de partido, pero siempre suma ver cómo se vuelve loco un partido, los tiros al arco, los goles, habría sido un partido bueno sin ese final abrupto, pero sin duda es mejor cuando suceden esta cosas.
Francia, con tres puntos contra un rival de altísimo nivel. Siempre es importante arrancar con una sonrisa, pero este partido es algo más de eso, es superar con nota una prueba de este calibre.