La escena empieza a repetirse en consultorios de cirugía estética de Estados Unidos: pacientes que muestran imágenes generadas por inteligencia artificial para explicar cómo quieren verse después de una operación. Ya no llevan fotos de modelos o celebridades. Ahora aparecen con retratos creados por plataformas como ChatGPT o Nano Banana, donde los rasgos fueron diseñados por algoritmos que priorizan una idea estadística de belleza sin considerar límites anatómicos ni riesgos médicos.
Cirujanos y especialistas aseguran que el fenómeno está generando un problema creciente. Las imágenes producidas por IA muestran narices, mandíbulas, labios y cuerpos que muchas veces no podrían existir en la realidad sin comprometer funciones básicas del organismo. “Los cuerpos no son arcilla. Hay sistemas fisiológicos y órganos que tenemos que proteger”, explicó Steven Williams, expresidente de la American Society of Plastic Surgeons, en declaraciones reproducidas por Business Insider.
El cambio refleja una evolución en la forma en que los pacientes construyen sus expectativas estéticas. Antes, las referencias surgían de revistas de moda o figuras famosas. Más tarde llegaron los filtros de redes sociales y las selfies retocadas. Según un estudio de 2019 de la American Academy of Facial Plastic and Reconstructive Surgery, el 72% de los cirujanos faciales había atendido personas que buscaban operarse para verse mejor en fotos tomadas con el celular. La inteligencia artificial llevó esa lógica un paso más allá.
La dermatóloga Rachel Westbay definió ese nuevo ideal como el “look muñeca Bratz”: labios exagerados, ojos sobredimensionados y estructuras faciales imposibles. El algoritmo, sostienen los especialistas, tiende a reforzar patrones visuales que se consideran atractivos en internet, pero ignora aspectos esenciales como la respiración, la estructura ósea o el equilibrio natural de cada rostro.
En algunos casos, las consultas llegan a niveles extremos. El cirujano plástico Sachin Shridharani relató el caso de una mujer de más de 70 años que llevó una imagen generada por IA para pedir un rejuvenecimiento que la hiciera parecerse a su nieta. Según contó el médico, la paciente insistía pese a las explicaciones sobre la imposibilidad de alcanzar ese resultado.
También aparece el desencanto cuando la fantasía digital choca contra el espejo real. Daina Jenkins, de 60 años, recurrió a ChatGPT después de no quedar conforme con un lifting facial. La plataforma generó una versión de sí misma con piel perfecta, mandíbula definida y labios más voluminosos. Cuando consultó si era posible lograr ese aspecto, recibió una respuesta tajante: ese resultado no existía fuera de la pantalla. Meses después, la mujer terminó valorando una apariencia más natural.
El debate ya dejó de ser únicamente estético. Los especialistas advierten que la presión por alcanzar cuerpos y rostros generados artificialmente está empujando ciertos procedimientos hacia prácticas cada vez más agresivas, como el marcado extremo de abdominales o intervenciones para reducir cinturas mediante fracturas de costillas. La inteligencia artificial no realiza las operaciones, pero sí modifica la percepción de lo que muchas personas creen posible.
Aun así, varios médicos consideran que la tecnología podría convertirse en una herramienta útil si se aplica de otra manera. Algunos imaginan sistemas capaces de generar simulaciones realistas y médicamente viables durante las consultas, permitiendo mostrar con precisión cómo cambiaría un cuerpo o un rostro después de una intervención específica. Para los especialistas, la diferencia está en que la IA deje de vender fantasías y empiece a funcionar como apoyo clínico.