Fue el 4 de marzo de 1999, tres días antes del debut de la Academia en el torneo local, cuando Ripoll pronunció esa frase que, lejos de significar resignación para el hincha de Racing, motivó un amor propio que emergió de lo más profundo.
Aquel domingo 7 de marzo, Racing debía jugar ante Rosario Central, pero la Justicia no habilitó al club a comenzar el Torneo Clausura. Pese a esto, una multitud de la Academia copó las tribunas del estadio Juan Domingo Perón y apoyó en el peor momento de su historia. Sin jugadores, sin rivales, sin partido. La gente estuvo presente en un momento histórico.
Y dos días después, la Cámara de Apelaciones aclaró que la liquidación de bienes seguía en pie, pero que el club podía seguir abierto. Así, en un proceso que duró hasta 2008, cuando se levantó la quiebra, los hinchas comenzaron a resistir una batalla durísima que, en base a sacrificio y amor propio, iban a terminar ganando.
Aquel domingo 7 de marzo, Racing debía jugar ante Rosario Central, pero la Justicia no habilitó al club a comenzar el Torneo Clausura. Pese a esto, una multitud de la Academia copó las tribunas del estadio Juan Domingo Perón y apoyó en el peor momento de su historia. Sin jugadores, sin rivales, sin partido. La gente estuvo presente en un momento histórico.
Y dos días después, la Cámara de Apelaciones aclaró que la liquidación de bienes seguía en pie, pero que el club podía seguir abierto. Así, en un proceso que duró hasta 2008, cuando se levantó la quiebra, los hinchas comenzaron a resistir una batalla durísima que, en base a sacrificio y amor propio, iban a terminar ganando.