Más de cinco horas para completar el esquema de vacunación

Comunicados ambiguos generaron confusión entre quienes buscaban completar la vacunación. Hubo gente que debió aguardar más de cinco horas en el Gimnasio 2. La Policía tuvo que cerrar la fila ante la gran cantidad de gente que seguía llegando.

Irma esperaba la segunda dosis de la Sputnik V. Es paciente de riesgo y en su momento la llegada del mail que indicaba la fecha y hora de su primera dosis fue sinónimo de tranquilidad para su familia. Pero los meses fueron pasando y las dudas de saber cuándo completaría su esquema de vacunación eran cada vez más grandes. “Ya va a llegar”, se repetía una y otra vez.

La incertidumbre crecía a la par de las noticias que indicaban el faltante del segundo componente de Sputnik V. “¿Cuándo me tocará a mí?”, era una de las preguntas cotidianas en las últimas semanas.

Su familia no podía hacer otra cosa que esperar, como hacen todos los que aspiran a completar su inmunidad contra la Covid.

La semana pasada visitó a su médico de cabecera para un estudio de rutina y aprovechó para preguntarle sobre la posibilidad de combinar vacunas. La llegada de las dosis Moderna abría un camino de tranquilidad.

“Vacunate. No hay ningún problema. Hay estudios que marcan que generan una gran cantidad de anticuerpos. Vacunate cuando puedas”, le recomendó el profesional.

Irma les contó a sus hijos. Entre todos acordaron que la anotarían en una lista de voluntarios para que pudiera recibir la Moderna. El Area Programática Sur brindó un mail y un número de teléfono para que los interesados enviaran sus datos y completar su esquema de vacunación. Se enviaron mails y mensajes de WhatsApp. Nunca hubo una respuesta formal. Pasaron los días y se insistió. Se llamó en reiteradas ocasiones y daba apagado. Sin embargo, el cartel de “en línea” en WhatsApp aparecía de 8 a 15 de lunes a viernes. Nadie parecía estar del otro lado.

“Má, quizás hay mucha gente que está enviando mensajes y no dan abasto. Esperamos un poco más”, le aconsejaron los hijos.

COMUNICADOS AMBIGUOS

La lluvia del fin de semana fue una luz de esperanza para Irma y su familia. Es que desde el Area Programática Sur informaron que desde el lunes se aplicaría una dosis de Moderna para completar el esquema de vacunación en las personas que recibieron una dosis de Sputnik V.

“(La coordinadora de la campaña en el Área Programática Sur, Lorena) Abril confirmó que el lunes se aplicará la segunda dosis de Moderna a demanda, a aquellas personas que fueron vacunadas con la primera dosis de Sputnik V hasta el 30 junio y cumplieron 8 semanas de la aplicación. Esta tarea se realizará en el Gimnasio Municipal N° 2”, aseveraba el comunicado del viernes.

Estaba decidida. Irma iría al recinto para recibir una dosis más de inmunidad contra la COVID-19.

Las bajas temperaturas no fueron un impedimento. “Me abrigo bien y voy. No sabemos cuánto tiempo podemos seguir esperando”, les explicaba a sus familiares.

LARGAS FILAS Y HORAS DE ESPERA

Cuando llegó al Gimnasio municipal N° 2 se encontró con un panorama angustiante. Había tres filas de personas y nadie sabía a ciencia cierta si estaba en el lugar correcto. Por un lado, se hacía fila para recibir una primera dosis de forma espontánea; otra hilera era para la segunda dosis de Sinopharm y la restante para Moderna.

“Disculpe, ¿acá es para recibir la dosis de Moderna?”, preguntaba una y otra vez en el lugar. “No señora; la verdad es que estoy acá porque no sé qué fila hacer. Estoy en la misma que usted”, le contestaban otros vecinos.

El Servicio Meteorológico Nacional marcaba temperaturas bajo cero, pero Irma no quería volverse a su casa sin su vacuna. Luego de varias consultas, llegó a la fila correcta. Manos en los bolsillos y a esperar que los llamados comenzaran lo más rápido posible.

La gente comenzaba a impacientarse. Es que el frío y la lenta disposición no son una combinación amigable. “La fila de la primera dosis avanza más rápido. Hacen pasar de a 20 y a nosotros nos hacen pasar de a 4 ¿Cómo es esto? ¿Nos toman de punto?”, comenzaban a cuestionar los vecinos. A esa altura, la fila para obtener la vacuna de Moderna daba la vuelta al gimnasio del barrio Pueyrredón.

“VENI VOS A LA FILA”

No había respuestas y no se avanzaba. La bronca llegó a su estado máximo cuando un hombre tomó una piedra con barro y empezó a golpear una de las paredes del gimnasio. Otros acompañaron con palmas y gritos. “Apuren el trámite que si no nos agarra COVID nos resfriamos”, gritaban indignados. La temperatura subía lentamente y no por las condiciones meteorológicas.

Un policía que estaba dentro del recinto decidió salir a “retar” a los vecinos, pero tuvo que volverse callado. “Vení vos a hacer fila. Dale, vení vos a la fila por mí”, le cuestionaron mientras acomodaba su gorra.

“Te cambio estar allá adentro calentito con estar acá con frío”, le gritaba otro. El agente agachó la cabeza y se volvió lentamente como si fuera uno más. Los silbidos lo acompañaron hasta que cerró la puerta. Increíblemente, la fila avanzó más rápido.

Quienes querían la dosis de Moderna tenían que hacer dos filas. Una donde se registraban y otra donde se les permitía el ingreso al vacunatorio. Había gente que no era registrada y se generaban nuevos inconvenientes. “Pero si la piba me preguntó los datos y después se fue. Culpa mía no es que no me hayan registrado”, se escuchaba. El lugar era un caldo de cultivo.

CIERRE DE FILAS

Eran cerca de las 12 cuando Irma pensaba en regresar a casa. La humedad del barro le jugaba una mala pasada en sus pies. “No, hija. No te vayas. No sabemos cuándo nos pueden volver a llamar. No sabemos cuánto tiempo puede pasar hasta que recibamos otra vacuna. Quedate. Si ya vamos a ingresar”, le aconsejó una señora que estaba delante suyo. Entre todos se alentaban a seguir. Irma se quedó y a los pocos minutos la fila avanzó hasta que finalmente pudo ingresar. El reloj marcaba las 13. La calefacción del gimnasio fue su abrigo. Una hora después fue su turno para recibir su inmunidad.

“¡Qué cara de frío tenés!”, le dijo la enfermera. Ella solo atinó a mirarla. “Es que no depende de nosotros. Solo seguimos órdenes”, le explicó. “Sí, ya sé. Gracias”, le respondió.

Irma estaba cansada y con ganas de regresar a su casa. No tenía ganas de discutir ni de pedir explicaciones. Agarró su teléfono y les contó a sus hijos que la espera había terminado. “Me voy a casa”, les dijo. Caminaba con las manos en los bolsillos para no perder el calor. Mientras, miraba cómo la Policía se acomodaba en la fila de quienes buscaban la vacuna Moderna. “No se puede hacer más fila por hoy”, repetían los agentes a los vecinos que llegaban para buscar completar su esquema de vacunación.

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