Raúl Guglielminetti, uno de los agentes de inteligencia más conocidos de la dictadura militar argentina, murió a los 84 años, cuatro meses después de haber accedido al beneficio de la prisión domiciliaria por razones de salud. Había sido condenado en 2011 a 20 años de prisión por delitos de lesa humanidad y acumuló otras sentencias por su participación en secuestros, torturas y desapariciones forzadas.
Integrante del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército como personal civil desde fines de los años 60, Guglielminetti fue acusado de más de 70 hechos de tortura cometidos en el centro clandestino de detención Automotores Orletti, además de otros crímenes perpetrados en distintos puntos del país durante el terrorismo de Estado.
Su nombre tomó notoriedad pública en 1984, ya en democracia, cuando una fotografía permitió identificarlo como parte de la custodia del entonces presidente Raúl Alfonsín. La difusión de la imagen generó una fuerte conmoción política e institucional en los primeros años del sistema constitucional recuperado.
A partir de información que recibió el dirigente radical Enrique Nosiglia, Guglielminetti fue localizado en España. El propio Alfonsín solicitó colaboración al presidente Felipe González y el exagente fue detenido en el aeropuerto de Barajas y extraditado a la Argentina tras un proceso que se extendió durante seis meses. Ya en el país, afrontó la causa por el secuestro del empresario Emilio Naum, aunque fue liberado y absuelto en ese expediente.
Condenas y causas judiciales
Reconocido por numerosos sobrevivientes de centros clandestinos de detención, Guglielminetti enfrentó múltiples procesos judiciales. Cuando actuaba en la clandestinidad se hacía llamar “el mayor Guastavino” o “el Ronco”, siguiendo la práctica de asignar rangos militares ficticios al personal civil de inteligencia.
Estuvo vinculado a la banda de Aníbal Gordon y a la Triple A, y en los años 80 fue relacionado con extorsiones, secuestros y robos. Su nombre quedó asociado a la expresión “mano de obra desocupada”, utilizada para describir a ex agentes de inteligencia que continuaron cometiendo delitos tras el retorno democrático.
En 2006, por orden del juez federal Daniel Rafecas, fue detenido en su campo de Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, luego de permanecer prófugo. Cinco años más tarde fue condenado a 20 años de prisión por delitos de lesa humanidad, a los que se sumaron otras sentencias, incluso de prisión perpetua, en distintas causas.
Quién era Raúl Guglielminetti
Nacido el 2 de noviembre de 1941 en Buenos Aires, ingresó formalmente al aparato de inteligencia en diciembre de 1970. En los registros del Batallón 601 figuraba como “agente de reunión”, encargado de la obtención directa de información.
Actuó en centros clandestinos como Automotores Orletti, Atlético-Banco-Olimpo, Campo de Mayo, la Superintendencia de Seguridad Federal y La Escuelita de Neuquén. En los años 70 se presentaba públicamente como periodista y se movía en Neuquén, donde también fue señalado como personal infiltrado y protagonizó episodios violentos en ámbitos sindicales y políticos. Fue cercano a Remus Tetu, interventor de la Universidad del Comahue y referente de la Triple A en la región.
Sobrevivientes lo identificaron como integrante de brigadas dedicadas a secuestros y como autor directo de torturas, con testimonios que lo ubican en Orletti, El Olimpo, Garage Azopardo y otros centros clandestinos. También se lo vinculó con la persecución de la denominada “subversión económica” desde el Primer Cuerpo del Ejército.
Tras la dictadura, volvió a desempeñarse en ámbitos de seguridad presidencial y fue parte del denominado Grupo Alem, una estructura paralela a la SIDE. En los años siguientes acumuló causas penales por armas, explosivos y delitos comunes, además de los procesos por crímenes de lesa humanidad.
En julio de 2024, ya detenido en la cárcel de Ezeiza, fue uno de los represores que recibió la visita de diputados de La Libertad Avanza. En septiembre de ese año obtuvo la prisión domiciliaria tras informes médicos que indicaron un grave deterioro de su estado de salud, con antecedentes de un hematoma subdural.
Murió en su vivienda de Mercedes, sin haber brindado información sobre el destino de sus víctimas ni haber manifestado arrepentimiento por los crímenes por los que fue condenado.
La Escuelita de Neuquén
En el marco de los juicios por delitos de lesa humanidad vinculados al centro clandestino de detención conocido como La Escuelita, en Neuquén, Raúl Guglielminetti fue señalado directamente por víctimas y sobrevivientes como partícipe de las torturas y vejámenes que se cometían en ese lugar durante la última dictadura cívico-militar.
Durante las audiencias, testigos relataron que Guglielminetti interrogaba y ordenaba la aplicación de picana eléctrica, levantando o bajando la mano para que continuaran las descargas, en tanto otros confirmaron que él mismo participó en el traslado y maltrato de detenidos desde la Policía Federal al predio donde funcionaba La Escuelita.
Asimismo, familiares de víctimas recordaron cómo tras su liberación se cruzaron con él en las calles de Neuquén, identificándolo como el mismo torturador que había estado en esos centros clandestinos. Guglielminetti estaba imputado como uno de los represores en el juicio oral por los crímenes cometidos en La Escuelita, que forma parte del largo proceso de justicia por crímenes de lesa humanidad en la provincia.