Santiago Esteves estrena "La educación del Rey" en la Televisión Pública

La entrega narra la historia de Reynaldo Galíndez, alias Rey, un adolescente que huye de la policía tras su bautismo como delincuente y cae accidentalmente en el patio de Carlos Vargas, un guardia de seguridad que se está jubilando y vive allí con su esposa y uno de sus hijos.
El cineasta mendocino Santiago Esteves estrenará mañana en la Televisión Pública Argentina "La educación del Rey", una serie de cuatro capítulos de una hora de duración, en los que combina elementos del western y el policial negro para abordar la historia de iniciación de un adolescente que cae por obligación en el mundo delictivo, pero es apadrinado -y reeducado- por un guardia de seguridad recién jubilado.
Filmada entre setiembre y octubre de 2015 en Mendoza, gracias a un premio del Concurso Federal (Región Cuyo) que organizaban la Televisión Digital Abierta y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), "La educación del Rey" llegará a la televisión pública mañana a las 22:30, con el primer capítulo, mientras que el segundo se verá el jueves 22 y el tercero y el cuarto serán exhibidos juntos el jueves 29.
La serie, que posee una versión de largometraje que obtuvo el premio Work in Progress en el último Festival de San Sebastián, fue escrita por el propio Esteves y su colega mendocino Juan Manuel Bordón, y cuenta con la actuación de Germán de Silva ("Las Acacias", "Marea Baja", "Relatos salvajes"), las participaciones especiales de Esteban Lamothe y Walter Jakob, y la presentación del joven Matías Encinas, como el Rey.
"La educación del Rey" narra la historia de Reynaldo Galíndez, alias Rey, un adolescente que huye de la policía tras su bautismo como delincuente (tentado por su hermano y obligado por su necesidad económica) y cae accidentalmente en el patio de Carlos Vargas, un guardia de seguridad que se está jubilando y vive allí con su esposa y uno de sus hijos.
Lejos de entregarlo a sus perseguidores, tal como le exige su hijo, Vargas -una leyenda del mundo del transporte de caudales- ve algo especial en Reynaldo y lo obliga a quedarse a vivir con él y su mujer hasta que arregle los daños que causó en el jardín de su casa, especialmente en un vivero que había construido su esposa.
"Lo primero que se le ocurrió a Bordón, mi coguionista, fue el título de la serie. Y a partir de él empezamos a pensar cómo sería trasladar a la actualidad una especie de historia de formación de un guerrero medieval. Queríamos contar una historia de iniciación de ese tipo, pero en el contexto de la Argentina actual y en la provincia de Mendoza", recordó Esteves en diálogo con Télam.

EDUCACION INFORMAL
En ese sentido, el encuentro entre Rey y Vargas será el inicio de una tensa y profunda relación de corte filial, que remite a las clásicas leyendas sobre la formación de un joven soberano, aunque con la diferencia de que -en esta versión suburbana y desértica- los caballeros son policías corruptos y asesinos, delincuentes y guardias de seguridad venidos a menos.
Las lecciones que impone el viejo Vargas al joven Rey serán -capítulo a capítulo- la transmisión de un sistema de conducta que oscila entre una lógica implacable y una tradición marcial, matizada por cierta picardía local o astucia callejera, pero también se convertirá -inesperadamente- en un aprendizaje de ida y vuelta entre ambos protagonistas.
A medida que esta educación informal avanza, se desarrolla con una historia policial, con elementos del género western, que está fuertemente anclada en paisajes mendocinos de Las Heras, Capital, Godoy Cruz, Guaymallén, Luján de Cuyo, Maipú y Lavalle, una zona suburbana y desértica muy distinta a la idea de paisaje turístico que muchos tienen de Mendoza.
La cercanía con la montaña y el desierto, los barrios que lindan con los cerros y los canales, son elementos esenciales que marcan la identidad de este relato, enmarcado por la corrupción policial y la presencia sombría de empresas de seguridad, donde la violencia se ejerce sobre los más indefensos.
Con planos secuencia, momentos de cámara en mano y una fotografía fuertemente contrastada a cargo de Cecilia Madorno, la serie acentúa los aspectos del género policial y del western, manteniendo un realismo visual que revela paulatinamente un entramado marginal vinculado al delito, dentro y fuera de la institución policial.

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