Se debate la responsabilidad del hijo de un exintendente

La Fiscalía pidió la declaración de responsabilidad penal por abuso sexual con acceso carnal, mientras la Defensa sostiene que no hay responsabilidad penal. Darío Aleuy dio su versión de lo ocurrido.

La fiscal de Esquel, María Bottini, direccionó su alegato a probar fundamentalmente la existencia de una relación sexual con acceso carnal y la falta de consentimiento por parte de la víctima. El primer aspecto lo fundó en prueba médica y científica: la falta de consentimiento a través de varios indicios.

La acusadora tuvo en cuenta que la joven, al momento del hecho, tenía solo 17 años, no tenía experiencia sexual y había consumido alcohol, algo a lo que no estaba habituada. El imputado tenía 38 años y una experiencia sexual acorde a su edad.

No hay prueba de alcoholemia que acredite fehacientemente el consumo alcohólico de la adolescente, aunque la fiscal se valió de distintos testimonios, incluso de la declaración del acusado, para tener por acreditado su estado de intoxicación alcohólica.

La alteración de la conciencia por el consumo de alcohol es un condicionante del consentimiento. A este elemento, Bottini sumó evidencia médica, el contenido de mensajes de texto y párrafos de la declaración del propio imputado.

En su alocución, la acusadora citó un fallo reciente de un juez de Entre Ríos que respecto del consentimiento sostiene que “debe ser una aceptación inequívoca o voluntaria para hacer una cosa o dejar que se haga. Se entenderá que una persona ha consentido en mantener una relación sexual en forma libre y voluntaria…debe ser dado libremente y sin presiones…no se puede brindar consentimiento si está inconsciente, dormida, o en un estado mental alterado, por ejemplo bajo los efectos del alcohol o las drogas”.

LA VERSION DEL IMPUTADO

Fabián Gabalachis, abogado defensor de Darío Aleuy, inició su alegato haciendo referencia a la amplitud probatoria aceptada en los llamados “delitos de alcoba” que no cuentan con testigos por fuera de las partes involucradas. Indicó que esta situación lleva a dos riesgos, por un lado que al contarse solo con la versión de la víctima, por falta de otra prueba el hecho quede impune.

O, por el contrario, que una denuncia sea falsa y con el testimonio único un inocente resulte condenado. Gabalachis sostiene que este caso es inusual, ya que la víctima denunció para que le digan qué pasó esa noche porque no lo recordaba.

Luego de su introducción, el letrado particular se centró en lo que entiende como el eje del debate: la existencia o no de consentimiento. Analizó el modo en que este debe interpretarse y su alcance a la luz de la legislación vigente y del cambio de paradigma en torno a cómo este se evidencia.

En este punto atacó la prueba llevada por la fiscalía para acreditar la “sumisión química”, por falta de un examen toxicológico de laboratorio. Sostuvo que esa evidencia ahorraría la discusión e interpretación encontrada que de los mismos testimonios ofrecen la Fiscalía y la Defensa. Luego planteó que la valoración de los testimonios brindada por Bottini llega a conclusiones falsas.

Las partes intercambiaron argumentos en extensos alegatos, réplicas y dúplicas. El Tribunal, integrado por Jorge Criado, Fernanda Révori y Jorge Novarino, se retiró a deliberar. Su decisión se conocerá el viernes al mediodía.

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