Vestigios de la batalla campal

Fueron muy pocos los vidrios de la Comisaría Quinta de Caleta Olivia que no estallaron por las andanadas de piedras arrojadas por decenas de enardecidos manifestantes durante la batalla campal con policías de élite que comenzó antes de la medianoche del jueves y se extendió hasta cerca de las 2 de este viernes.

Durante el mediodía de este viernes, el periodismo fue autorizado a ingresar al edificio de dos plantas de la comisaría ubicada en el barrio Rotary 23 de Caleta Olivia, donde el miércoles se produjo la muerte de joven Rodrigo Curaqueo (19), detonante de los incidentes que tuvieron un primer capítulo en la noche de ese misma jornada. Es que si bien la versión oficial de la policía es que el hombre, detenido horas antes por incidentes, se había suicidado, familiares y allegados descreen la misma.

En el acceso al recinto se observaba este viernes que una infinidad de cartuchos de municiones antitumultos (postas de goma) y gases lacrimógenos se hallaban esparcidos en un amplio radio y que incluso habían estallado los vidrios del cajero automático del Banco Santa Cruz emplazado a un costado de la puerta de ingreso a la comisaría.

Parte de las ventanas ya habían sido reemplazadas provisoriamente con cartones, pero en el interior los vidrios rotos cubrían el piso y los escritorios de la sala de guardia y de oficinas.

Debido a que aún estaba finalizado el peritaje, todavía no se habían retirado los restos de mampostería y numerosas piedras, ni tampoco una de las molotov que aparentemente no estalló por completo porque la botella aún estaba intacta.

Los vestigios de las llamas y del polvo de extintores de incendios completaban el estado en que quedaron esas instalaciones, en tanto que permanecían en lugar efectivos del Comando Radioeléctrico y de la División Infantería, algunos de guardia en el acceso y otros descansando en el interior, ahora más distendidos.

EL MINISTRO NO APORTO DETALLES

En una de las oficinas de la planta alta se encontraba el ministro de Seguridad de la provincia, Lisandro de la Torre, quien había arribado a hora temprana procedente de Río Gallegos para evaluar todo el panorama de los incidentes.

El funcionario accedió a dialogar de manera individual con los medios periodísticos, pero dio respuestas ambiguas a las consultas que se le formularon, al menos en el contacto que mantuvo con El Patagónico.

Básicamente se limitó a decir que las investigaciones del caso estaban en manos de la justicia y que por ello no podía confirmar la cantidad de policías de esa dependencia que fueron separados preventivamente, ni tampoco dar precisiones acerca si la muerte de Curaqueo fue en un calabozo.

La única novedad que suministró fue la presunción de que algunos de los manifestantes utilizaron armas de fuego en el ataque a la comisaría y por ello se estaban realizando los peritajes correspondientes.

Pasado el mediodía, cuanto todo parecía estar en calma, se produjo un breve incidente entre un grupo de policías antimotines con un reducido grupo de jóvenes que estaban en las inmediaciones y les arrojaron piedras.

Poco más tarde, cerca de las 15.00 se hicieron presentes varios familiares de los aproximadamente quince internos que continúan alojados en esa misma comisaría.

Algunas madres aseguraron que sus hijos les comunicaron que iban a ser trasladados a otras dependencias, incluso fuera de Caleta Olivia, pero oficiales superiores de la fuerza de seguridad les aseguraron que ello no estaba previsto.

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