Aferrarse a la fe significa para muchos la última esperanza de encontrar trabajo

Más allá de la celebración de todo 7 de agosto, cada noche decenas de personas se acercan a la ermita, ubicada en Polonia y O'Donnell, a prender una vela y pedirle a San Cayetano que los ayude a salir adelante. La búsqueda de trabajo se vuelve una odisea en tiempo de crisis. Historias de personas golpeadas por la actualidad económica y a quienes lo único que les queda es aferrarse a la fe.

Son las 10 de la noche y en la ermita de barrio San Cayetano, Alicia sigue sentada con sus hijos en uno de los banquitos mirando la imagen del santo patrono del pan y del trabajo. Hace frío pero ella repite que San Cayetano nunca la dejó sola. “Nunca me falló. Siempre me cumplió y me protegió cuando más lo necesitaba. Como ahora”, revela mientras busca un pañuelo en su cartera.

Todas las semanas, ella y sus dos hijos le prenden una vela a San Cayetano para que el santo le ayude encontrar trabajo a su marido. Su familia llegó desde Bolivia hace casi siete años y su marido pudo ingresar en una empresa petrolera, lo que le permitió edificar su casa en el barrio Moure. Sin embargo, la crisis económica hizo que el telegrama de despido llegara a su puerta y desde hace cuatro años que su familia vive de “changas”. La plata no alcanza y el deseo de volver a los buenos tiempos parece ser simplemente eso, un deseo.

Los hijos de Alicia miran con atención al santo y se aferran a su madre. Desde hace un año que los tres salen de su casa a las 20 para llegar a la ermita a las 21, quedarse una hora para prenderle velas al santo y luego regresar a su casa caminando. “Es que no tenemos plata para el colectivo”, explica Alicia. Es que en tiempo de crisis cada moneda cuenta.

La historia de Alicia y sus hijos se repite cada noche en Comodoro Rivadavia frente a la ermita de San Cayetano. Personas y hasta familias enteras llegan todas las noches con velas y deseos de un futuro mejor. Algunos son tímidos, solo pasan, miran y dejan su deseo desde lejos. Otros pasan y prenden velas, se quedan durante largos minutos. Varios se dedican a limpiar la ermita para recibir a los otros fieles.

“NO HAY TRABAJO,

NO HAY NADA”

El desempleado se siente mal consigo mismo y, a partir del paso de los días, se siente despojado de todos sus derechos. Para algunos de ellos las palabras pesan cuando intentan explicar por qué cruzaron de un extremo a otro de la ciudad, solamente para prender una vela. “Yo no tengo nada. Me levantó todos los días a las 6 para salir a buscar changas. Ya no entrego más currículums. Los cajonean o los tiran. En el barrio Industrial muchas empresas tienen el cartel en la entrada de que no reciben gente. A mí lo único que me queda es prenderle una vela a San Cayetano. Hace dos años que busco trabajo. Tengo una nena de 8 años y estoy desesperado”, lamentó Israel.

Tiene 28 años y se desempeñaba en una empresa de camiones, pero fue despedido por conflictos gremiales. Israel asegura que el sindicato “lo hizo echar por sacarse una foto con un candidato a gobernador”. Desde entonces se dedica a trabajos de construcción o limpieza de patios, pero lamenta que no haya trabajo para nadie. “Está todo caro. Nadie quiere construir y menos pagar para que te limpien el patio. Si uno no tiene trabajo, no tiene nada. Yo me siempre digo que si no tenés trabajo, es como vivieras sucio. No es mugre, es la conciencia”, analiza.

FIELES CADA VEZ MAS FIELES

La creciente visita fieles a la ermita de San Cayetano se registra desde hace casi dos años. Muchos habitantes del sector aseguran que se debe a la crisis económica que atraviesa el país y que ha golpeado de manera catastrófica en la Patagonia. Los viernes y si la temperatura acompaña, los fieles se multiplican y son casi tantos como se pueden ver durante el 7 de agosto.

“Antes vos veías a una o dos personas. Por ahí pasaban días sin que alguien limpiara la ermita. No estaba abandonado, pero no era muy recurrido por la gente. Ahora hace casi dos años, viene gente de todos lados. Es increíble. Uno se asombra y se angustia. Vos ves familias enteras. Padres con bebés chiquititos. Todos buscan lo mismo, que el santo haga el milagro y cambie todo lo que estamos viviendo”, narra Martina, una de las vecinas de la zona.

Carmen también vivió gran parte de su vida en el barrio que lleva el nombre del santo y vuelve cada dos días para agradecerle al santo, además de dar una mano a los nuevos fieles que llegan a pedir por pan y trabajo.

“Yo soy jubilada y viví mucho tiempo acá. Las vi todas. La crisis de 2001 cuando no había nada trabajo y las épocas de vacas gordas. Ahora nos toca apechugar de nuevo. Son momentos, pero San Cayetano nunca te deja en abandono. Por eso vengo acá, a ayudar en lo que sea. Hay noches que traigo velas o ayudo a limpiar. Es mi forma de agradecer al santo que me dio trabajo, casa, familia y ahora protege a mis hijos. Estoy segura de que él también protegerá a cada uno de los que paso por aquí”, contaba Carmen mientras que entregaba velas a quienes no tenían.

Las noches en San Cayetano ya no son las mismas desde hace tiempo. Es que en tiempo de crisis, la última oportunidad que les queda a los trabajadores es la fe.

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