Desde muy temprana edad, Antonella Peralta mostró un interés natural por la música. A los seis años, motivada por su padre, quien cantaba y tocaba la guitarra, comenzó a cantar en peñas y festivales locales. “En casa siempre hubo música. Mi viejo cantaba y tocaba repertorio popular folclórico... En La Rural fue la primera vez que canté en público, a los seis años mi papá me dice 'ahora yo voy a tocar y vos vas a cantar lo que estabas cantando en casa'. Así que así es como arranca”, recuerda sobre sus primeras experiencias en la música.
Tras la separación de sus padres, Anto se quedó con la guitarra de su padre que había dejado en su casa. A pesar de las dificultades de ser zurda y aprender a tocar como diestra, desarrolló su habilidad de manera autodidacta, aprendiendo a través de la observación y la experimentación: “Me costó bastante porque yo soy zurda... pero toco como diestra. Siempre que tenía oportunidad de ver a alguien tocar le observaba mucho las manos y prestaba mucha atención al sonido del acorde”, detalló en comunicación con El Patagónico.
En su adolescencia, Anto comenzó a explorar diferentes géneros y artistas. La influencia de músicos como Spinetta, Pastoral y Maná, y la inspiración de personajes de la cultura pop como Floricienta, ayudaron a moldear su identidad musical única. “Cuando era adolescente un amigo me muestra a Spinetta y ahí ¡pum! Se me abre una cosa alucinante... a partir de ahí conecto mucho con Pastoral... Conecto con Manal... me voy adentrando en ese estilo medio 'hippón'”, contó, rememorando el momento en que su visión artística se expandió considerablemente.
Foto: Lucía Bordón
El encuentro con otros músicos y el descubrimiento de nuevas formas de expresión también fueron fundamentales. Se involucró en proyectos teatrales y de expresión corporal que ampliaron su perspectiva artística. “Yo venía con Floricienta, esa onda no era lo mismo, pero ya había abierto algo ahí... Después escuchaba mucho Maná. Sonaban dos tres temas en casa, pero me re gustaba Maná porque tenía textos de historias reales”, dijo, señalando cómo estas influencias moldearon su estilo musical.
Más adelante Anto también empezó a formar parte de proyectos más formales, como la banda Glacé junto a Iñaki Hourcade, Alejandro Julián y Taty Mard, donde experimentó con la composición y la interpretación en vivo sin un instrumento. “Era la primera vez que no tenía un instrumento adelante... con Glacé me surge también ese desafío... de decir, bueno, me tengo que plantar en escena”, describe Anto sobre cómo Glacé la ayudó a ganar confianza en el escenario.
"Yo era muy tímida al principio, apenas me movía en el escenario", recuerda. Sin embargo, su transformación ha sido evidente, adoptando una presencia mucho más abierta y enérgica. "Me costaba mucho mirar a la gente, pero ahora me animo más a conectar, a sumergirme en lo que siento y a ser auténtica", comenta. Esta evolución no solo se refleja en su actitud, sino también en su música.
A la par, Anto se unió al ensamble vocal "Voces de Tribu" (integrado por Andrea Alberelli, Maria Laura Ramos, Laura English y Aracy Simeoni), donde continuó desarrollando su talento vocal. “En el ensamble en el que estoy, las chicas realmente me educan muchísimo... me tomé mucho más compromiso con el cuidado de mi voz”, comparte, destacando la influencia positiva del grupo en su crecimiento artístico. Ganar el concurso del INAMU para grabar un arreglo de "La Güera Salomé" fue uno de los logros recientes del grupo, una experiencia que, según Anto, “fue compleja por la cantidad de voces, pero increíblemente enriquecedora”.
Más allá de sus proyectos grupales, Anto ha ganado notoriedad por sus presentaciones en los colectivos de Comodoro Rivadavia, donde con su voz, un charango o un ukelele, y cucharas, convierte el transporte cotidiano en una experiencia musical. “Me subo al colectivo con el charango y las cucharas, hago canciones desde María Elena Walsh hasta cumbias... A mí me gusta irrumpir en un espacio ordinario y transformarlo en una puesta en escena”, comenta sobre esta iniciativa que busca llevar la música a la gente, convirtiendo los viajes diarios en momentos de alegría y sorpresa.
La elección de instrumentos sencillos y accesibles, como las cucharas, refleja su deseo de hacer que la música sea accesible para todos: “Quiero que la gente vea que no hace falta mucho para hacer música. Si algún niño o niña me ve, quiero que sepan que pueden empezar con algo tan simple como unas cucharas”. Según comenta a El Patagónico, la idea de subirse a los colectivos a cantar surgió después de que la policía la echara en numerosas ocasiones del Centro de Comodoro, donde intentaba hacer sus presentaciones.
En medio de la pandemia, Anto encontró en estos espacios no convencionales una manera de seguir conectando con la gente, a la vez que perfeccionaba su arte de tocar cucharas. “Fue en pandemia que empecé a practicar lo de las cucharas... Es un recurso muy lindo y también muy atractivo visualmente”, añade. Estas presentaciones espontáneas le han permitido no solo compartir su música, sino también interactuar con la comunidad de una manera directa y auténtica.
Colaboración con Enzo Antoniazzi
Antonella también dedica unas palabras a las jóvenes artistas que están comenzando su camino en la música. "Primero que nada, que se cuiden mucho. El ambiente puede ser raro, pero también se puede encontrar gente maravillosa. Que se animen a sentir, a experimentar, a mirar a la gente. Que escuchen todo, incluso lo que no les guste. Porque eso puede ser muy enriquecedor y les puede abrir la mente a nuevas posibilidades", aconseja.
Su versatilidad como artista la ha llevado a colaborar con una variedad de músicos locales. Ha trabajado con Enzo Antoniazzi, Pali Morales, Alejandro Julián, Caravana de Arrabal, Los Cheremeques, Sabor Canela, Amaru, Nico Diadema, Mandarina Project, entre otros, y ha formado parte de proyectos previamente mencionados como Glacé y Voces de Tribu. “Cada vez que me invitan a grabar, trato de amoldarme al estilo sin dejar de ser yo. Es una manera de enriquecerme y de aportar algo nuevo”, explica.
Además de su pasión por la música, Antonella es una ávida lectora. Sus preferencias abarcan desde novelas históricas de Wilbur Smith hasta la obra de autores como Julio Cortázar. “He leído bastante, me encanta sumergirme en un buen libro y adentrarme en las historias y los personajes”, comenta. Su amor por la literatura ha influido en su arte y en su manera de ver el mundo, ayudándola a conectar con su público de manera más profunda.
Antonella es una ferviente defensora de la inclusión y la diversidad dentro de la música. Subraya la importancia de visibilizar a las mujeres artistas y apoyar sus carreras. "Estamos trabajando en un registro de artistas mujeres en la región (https://forms.gle/7QMzGX3CjD4zNKbb9) para asegurarnos de que se cumpla la ley de cupo en festivales y otros eventos. Hay muchas mujeres talentosas que merecen ser escuchadas y apoyadas", enfatiza. Ella misma se siente inspirada por jóvenes artistas locales como Josefina Amado, Fio Rulitos y Agustina Gorlier, quienes han demostrado su talento en la escena.
Foto: Angelo Rubio
"Me encanta que podamos tener tanto talento en la ciudad y que todos tengamos la oportunidad de compartirlo. Espero que más mujeres artistas se animen a salir al escenario y a mostrar lo que pueden hacer", agrega.
Actualmente, Anto está enfocada en su carrera como solista, componiendo nuevas canciones y buscando oportunidades para grabar su trabajo. "Estoy ahí queriendo encarar... tengo ganas de grabar... darme cuenta de que tengo esa fortaleza hoy por hoy para decir 'bueno, me animo a salir a cancha sola'", expresa con determinación, mirando hacia el futuro.
Anto continúa siendo una figura emergente en la escena musical de Comodoro Rivadavia, una artista cuya pasión y dedicación la han llevado desde cantar en casa hasta los escenarios, grandes y pequeños, de la región. Con una combinación única de estilos musicales, y una presencia escénica que va evolucionado, su viaje musical sigue siendo tan dinámico como su capacidad para reinventarse a sí misma y su arte.
Foto: Bartolina Desconectada