Denuncian que el cierre del ciclo lectivo es un hecho de "violencia institucional"

Desde la Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, la Adolescencia y la Familia de Comodoro Rivadavia, denunciaron que el anuncio intempestivo del cierre del ciclo lectivo "es un grave hecho de violencia institucional contra niños, niñas y adolescentes, una modalidad de maltrato emocional ejercida desde los actores del Estado. Serán puestos a prueba, como si no fueran pruebas suficientes el confinamiento, la necesidad de aprender solos, de golpe y a la fuerza".

El Ministerio de Educación del Chubut emitió este viernes una resolución, a través de la cual se fijan los criterios de evaluación, acreditación y promoción del ciclo lectivo 2020, en línea con la resolución del Consejo Federal de Educación. Dicha norma, establece cuáles serán las instancias de evaluación que tendrán los estudiantes para promocionar y estar en condiciones de iniciar el ciclo 2021.

Esta situación puso en alerta a la Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, la Adolescencia y la Familia de Comodoro Rivadavia, quien mediante un duro comunicado trató esta situación como “un nuevo hecho de Violencia institucional contra niños, niñas y adolescentes, una modalidad de maltrato emocional ejercida desde los actores del Estado que no les informan sobre sus derechos ni escuchan lo que tienen para expresar. En un año que ha resultado particularmente difícil para ellos, quienes han sido relegados de las medidas de flexibilización y han aceptado quedarse en casa, cuidando fundamentalmente la salud de los mayores y las personas de riesgo ante el COVID-19. Esta imposición, para la cual no han sido preparados durante el año ni debidamente informados pone en riesgo su integridad emocional”.

Desde la institución que dirige Valeria Coniglio señalan que “a través de los medios se enteran desde el sistema educativo provincial que no habrá abrazos ni espacios que hagan significativo ni emotivo el regreso al aula, pero sí que serán evaluados entre diciembre y marzo. Es decir, serán puestos a prueba, como si no fueran pruebas suficientes el confinamiento, la necesidad de aprender solos, de golpe y a la fuerza, a adaptar el uso del celular o la computadora –cuando tienen- a aulas virtuales, a buscar en supermercados o vecinales cuadernillos que no se dirigían a ellos, a perder el contacto con sus compañeros, con docentes y otros actores de las escuelas que conformaban su socialización”.

“Como Oficina de Derechos y Garantías de la Niñez, la Adolescencia y la Familia, consideramos que decir que los evaluarán es afectar la salud emocional de los chicos, sus familias, y docentes, a esta altura de un año tan particular. Algunos deberían estar preparando sus actos o viajes de egreso, otros preparándose para el ingreso a diferentes niveles educativos, todos habrían transitado un año con altibajos, pero junto a otros”, agregan desde la institución.

COMUNICADO COMPLETO

En estos seis meses y medio, no salieron a la calle, permanecen aislados, cuando pueden y tienen conectividad, haciendo tareas, que es en muchos casos el único vínculo con la escolaridad porque no tienen clases ni siquiera virtuales. Están en hogares donde muchos padres no tienen ingresos económicos o éstos han disminuido: la pobreza alcanzó especialmente a los niños, niñas y adolescentes.

Hablan de evaluación y no se tiene en cuenta el contexto sociocultural como elemento clave para la adquisición de habilidades y competencias, máxime este año atravesado por crisis sanitaria y económica que han eclosionado así en las familias. Un contexto doblemente afectado en Chubut por la prolongada falta de pago a docentes que deriva en medidas de fuerza que afectan a los alumnos de todos los niveles del sistema educativo público. Muchos no han pisado un aula en 2020, o ni siquiera tienen claro en qué año están (todavía quedan pendientes promociones del ciclo 2019), lo que profundiza la incertidumbre.

Los niños, niñas y adolescentes son os más afectados en su salud emocional, los atraviesan los conflictos familiares, las obligaciones domésticas, la incertidumbre, la angustia, la tristeza, el enojo, el cansancio de sostener en soledad la entrega de trabajos prácticos con contenidos nuevos que nadie explica.

Desde el principio de la cuarentena son además quienes más restricciones tienen: no pueden usar las plazas ni otros lugares de encuentro, no pueden realizar actividades con otros. Tienen una mezcla de emociones que no pueden canalizar con la práctica de deportes, ni el acceso a bienes culturales, ni el encuentro con sus pares.

Han afrontado estoicamente esas restricciones y a cambio no han pedido mucho: respuestas, que alguien les explique, que no tengan que enterarse por los portales de noticias, que no les digan un día que nadie repetirá de año y al siguiente, que no habrá promoción directa. Que les cuenten cómo piensan en ellos como estudiantes y alumnos, pero fundamentalmente que los escuchen porque ellos, solos, aprendieron un montón en esta cuarentena y tienen derecho a que sus opiniones sean tenidas en cuenta.

Niñas, niños y adolescentes tienen que poder manifestar lo que les pasa con esto que están viviendo, y ese derecho debe ser puesto en práctica y estar de manifiesto en todas las instancias administrativas, operativas y políticas.

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