Servite Kike volvió a tocar en vivo después de casi tres años de inactividad. El reencuentro fue este viernes 12 de junio en Groove Cervecería (con nuevo show este sábado 13 en el mismo lugar a partir de las 23:55) y marcó el regreso de una formación que, según sus propias palabras, conserva prácticamente la misma identidad que la convirtió en una de las referencias locales del ska punk. La alineación la completan Matías Parisi en el bajo, Lucas Santibáñez en las teclas, Horacio Azúcar como frontman y voz principal, Alejandro Paredes en el saxo y Federico Pedro en guitarra. “Somos los mismos de siempre, el Servite Kike de siempre. Quizás estamos más grandes y un poco más estudiados. Uno va progresando en lo que es un instrumento, pero se van a encontrar con la misma banda poderosa de siempre”, sostuvo Walter Cantero, baterista de Servite Kike.
Más allá del regreso, una parte importante de la reflexión Walter estuvo centrada en el presente de la música y en cómo los cambios culturales impactan sobre los distintos géneros.
“Para mí la música se maneja por modas, y siempre se manejó por modas”, aseguró en comunicación con El Patagónico. En ese sentido recordó el período de mayor crecimiento de la banda, entre 2010 y 2013, cuando el ska punk atravesaba uno de sus momentos de mayor popularidad. En esos años la banda también salió a tocar fuera de la Patagonia: llegaron a estar dos meses en Mendoza y recorrieron la región con una convocatoria que los sorprendió.
“Llenábamos muchos lugares, hacíamos actuaciones de 700 u 800 tickets, lugares explotados, barras que se quedaban sin bebidas para reponer al público a mitad de la noche. Hay gente que por ahí se olvida de eso”, remarcó.
Sin embargo, consideró que el fenómeno excedía el desempeño propio del grupo. “Más allá de que la banda andaba muy bien, era un género que estaba de moda. Después vino la moda del reggae y ese público que venía del rock and roll y se pasó al ska punk, después se pasó para el reggae”. Aclaró que en aquellos años de auge era específicamente el ska punk el que estaba en su cima, no el reggae, un matiz que para él explica los distintos ciclos de cada género.
Para el músico, los movimientos de audiencia responden a ciclos que terminan reconfigurando la escena cultural. “Es una rueda. Creo que la moda del reggae ya pasó. Por lo que veo en los recitales volvió a tomar su lugar el rock and roll, porque hay bandas que vinieron a innovar y modernizar el género”.
Lejos de plantear una mirada pesimista sobre el presente del ska punk, consideró que el género podría volver a ocupar un lugar destacado. “Nosotros estamos siempre listos”.
El retorno de la banda también llega en un contexto distinto al de otras reuniones. Según explicó, esta vez existe una mayor dedicación al proyecto y una mirada más enfocada sobre el trabajo artístico.
“Estamos todos con otro enfoque. En otras épocas también nos juntábamos porque somos amigos y porque es nuestra banda, pero quizás no con la cabeza enfocada como esta vez”, explicó.
De hecho, el primer motivo del reencuentro no fue volver a los escenarios, sino trabajar en material nuevo. “Nos habíamos juntado porque estamos por trabajar un par de canciones nuevas. La idea es empezar a trabajar las maquetas para después entrar al estudio y grabarlas”.
Con el paso de los meses comenzaron a llegar propuestas para tocar y reapareció el entusiasmo de los seguidores. “Nos empezó a llegar alguna que otra oferta y también la gente tira muy buena onda. Vas por la calle y te cruzás con alguien que te pregunta cuándo nos vamos a juntar de nuevo. Esa inyección nos gusta y nos hace bien”.
A partir de ese impulso decidieron organizar un recital con características muy particulares. “Queríamos un encuentro con nuestra gente más íntima, en un lugar chico, con capacidad limitada. Un recital punky, como los que hacíamos cuando éramos chicos”. El espacio elegido fue Groove Cervecería, cedido amablemente por su amigo Dante Acuña. La propuesta incluyó musicalización desde las 23 horas hasta la 1, cuando la banda tomó el escenario, con entradas limitadas que prácticamente se agotaron en la preventa.
Respecto de las expectativas para esta nueva etapa, evitó hablar de objetivos grandilocuentes y puso el foco en el disfrute colectivo. “La expectativa es hacer música, tocar, divertirnos y pasarla bien entre amigos de toda la vida. Somos amigos antes de ser compañeros de banda”.
Incluso apeló al humor cuando se le preguntó hasta dónde imagina que puede llegar esta nueva etapa. “Capaz hasta Ramón Santos. Quizás tenemos suerte y el ska punk se pone de moda de vuelta y atravesamos Arroyo Verde para arriba”, dijo entre risas, aunque reconoció que las contrataciones son difíciles. Por encima de cualquier proyección, lo que más le importa es simple: “Cagarme de risa con amigos arriba del escenario. Eso es lo que quiero”.
Al momento de definir qué representa Servite Kike para quienes integran la banda y para quienes los acompañaron durante años, eligió una serie de conceptos que sintetizan la historia del grupo.
“Servite Kike es familia. Tenemos gente que nos seguía de familia y ahora nos siguen los hijos. Cuando ves que trascendiste una generación, aunque sean diez o veinte familias, eso está buenísimo. Servite Kike es familia, amistad, fiesta y alegría”, concluyó.