La salida laboral que muchos taxistas hallaron en cuarentena

La brusca reducción de pasajeros por la pandemia de COVID-19 hizo que decenas de taxistas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otros lugares del país optaran por ganarse la vida, a riesgo de su salud, trasladando hacia diversas provincias a personas que no pueden acceder a otros medios de transporte para retornar a sus lugares de residencia.

Uno de los tantos taxistas de otros puntos del país que llegaron a Caleta Olivia en los últimos días es Roberto Zapata, quien este sábado cuando se aprestaba a retornar hacia Avellaneda, Buenos Aires, dialogó con El Patagónico. Acababa de dejar a la última de las tres pasajeras que trajo desde Buenos Aires.

Contó que forma parte de un grupo de trece taxistas, quienes apremiados por la situación económica aparejada a la pandemia decidieron promocionar el servicio especial a través de redes sociales.

Tras cumplimentar con los permisos de circulación nacional y acondicionar los autos con todos los elementos de bioseguridad que se exigen (incluyendo láminas de nylon en la cabina para evitar contactos estrechos), hace dos semanas Zapata realizó su primer viaje con destino a la localidad salteña de Orán, transportando tres pasajeros.

“Demoré casi dos días en llegar a destino por la gran cantidad de estrictos controles que hay que superar y cuando estaba retornando nuestro coordinador del grupo me pidió que fuera a Jujuy a buscar a otra persona que necesitaba ir hasta Mendoza. Luego volví a Buenos Aires desde donde traje tres mujeres hacia el sur, una de las cuales se quedó en Comodoro, la otra en Rada Tilly y la última en Caleta Olivia” contó.

COSTOS

Respecto a los costos que debe afrontar cada pasajero, Zapata indicó que los mismos se cotejan con los que ahora cobran las empresas de colectivos por los viajes especiales, los cuales oscilan en unos diez mil pesos desde Capital Federal a esta parte de la Patagonia, por lo cual el servicio de taxi, más personalizado, vale alrededor de doce mil pesos por pasajeros (algo similar hasta Salta) ya que “sabemos que tenemos un gasto de unos quince mil pesos”.

Pero al margen de la ganancia que tanto él como sus compañeros puedan tener, manifestó: “necesitamos trabajar porque vivimos al día y la gente también necesita volver a sus lugares de residencia”.

“Claro que tenemos temor por el virus, pero debemos sostener a nuestras familias y por eso tratamos de tomar todas las medidas preventivas”, resaltó.

“Además, en esta inusual experiencia de recorrer gran parte del país, noté que en los controles camineros el personal encargado de la seguridad tiene comportamientos distintos”, contrastó.

“Algunos son muy amables y otros parecen no querer en absoluto que ingresemos a sus provincias porque piensan o sospechan que podemos trasladar a portadores del virus, aunque al final todos entienden razones y hacen su trabajo lo mejor que pueden”, consideró.

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