Adrián Contreras, el mejor "Disc Jockey" del Chubut

El 30 de septiembre de 1973 tuvo el récord provincial en Concepción del Uruguay al establecer un recorrido con el implemento de 47.04 metros. Detrás de esa marca invicta hubo, y hay, una historia de superación del profesor de educación física que formó parte de las décadas doradas del atletismo de la capital petrolera.

Brazada a brazada, así recorre la pileta del Club Atlético Independiente, Adrián Contreras. Su objetivo, aprender a nadar para poder entrar al “Romero Brest” y hacer la carrera de profesor de educación física.

A su lado lo acompaña Nazario Araujo, quien junto a Ana María Campillay apadrinan a la joven promesa en lanzamiento de disco.

En un alto, Araujo le comenta a Contreras “viste ese pibe que siempre viene a ver cómo se nada. Bueno, se muere por aprender a nadar, pero su entrenador le tiene prohibido porque dice que se le van a ablandar los tejidos musculares. Acordate, ese tipo va a hacer flor de jugador, y no solo de Independiente”.

El que observa la pileta es Ricardo Bochini, y Nazario tiene razón: su nombre va a trascender el “Rojo” de Avellaneda.

MIRANDO SE APRENDE

Nacido y criado en el barrio de Astra, Adrián Contreras comenzó a frecuentar “Comodoro” cuando inició la secundaria en el colegio Perito Moreno.

Fue a través de los ventanales que dan al patio interno que le llamaba la atención cómo Jorge Bonahora ganaba metros en altura con la ayuda de la garrocha y caía con toda su humanidad sobre el banco de arena que había inventado su entrenador Roque Tótaro.

“Ahí me empezó a llamar la atención el atletismo. Imagínate que en esa época estaba Eduardo Bernal en la Federación. Antonio Pocoví como entrenador en el estadio de Km 3. Y luego veías correr por la calle a atletas destacados como Nazario Araujo, Pila Páez, José Velázquez, Juan Queipul, Santos Julevich, Dino Saldivia. Hubo una camada de profes que generaban los espacios de atletismo y te daban ganas de ser como ellos”, comenta desde Lago Puelo –donde se estableció en el 91- Adrián Contreras (dueño de la marca provincial de lanzamiento de disco) a El Patagónico.

LOS INTERCOLEGIALES COMO PRIMER OBJETIVO

“Yo quería viajar con el atletismo. Entonces me conseguí prestado un disco de aluminio y empecé a lanzar en mi casa. En el 67 logré viajar a Córdoba a los Nacionales Evita. A fuerza de desarrollo, porque primero tiraba a pie firme. Y luego vino la técnica del giro hasta que me vio el ‘profe’ Tablado, ahí trabajé la parte técnica con ejemplos imaginarios. El profesor me decía ‘imagine una pantufla y cuando gire haga como si pusiera el pie en el estribo’ y eso aceleraba mi velocidad”, comentó.

La imaginación al poder, eso lo llevó a proyectar a Adrián, primero en mente y luego en cuerpo. No la tuvo fácil, era pequeño y liviano. Por más que se esmeraba no lograba superar los 80 kilos. Y enfrente tenía a rivales de 95 a 110 kilos como lanzadores.

“Ellos eran más fuertes pero también más lentos. Entonces mi clave fue girar con más velocidad. El secreto era ese. Sumado a tomar como ejemplo los atletas que no tenían las condiciones pero con voluntad férrea entrenaban con esa actitud. Yo copié esa actitud para poder destacarme y viajar”, recordó.

Ya siendo un profesional de la educación física, Contreras sostiene que no solo se trata de la biomecánica del deportista. Sino de ponerle la mente, imaginarse y proyectarse. Así supero una rotura de ligamentos en su rodilla.

EN LA CASA DEL DIABLO Y DE ROMERO BLEST

Egresado del secundario, Adrián trabajó como preceptor y pudo pedir traslado a Buenos Aires. Allí lo esperarían Nazario Araujo y Ana María Campillay. En el Club Independiente aprendería a nadar para poder entrar al profesorado, pero nada estaba dicho.

“Nazario y su esposa me ayudaron como padrinos en Buenos Aires, me ubicaron en el Club Independiente, me enseñaron a nadar. Porque además de ser excelentes atletas, son excelentes personas. Cuando comencé en el Romero Brest, perfeccioné la técnica pero luego vino el desalojo en el 74 y nos quedamos sin sede. Ibamos de acá para allá a cursar, ya sea en el Club Comunicaciones o en salones o quinchos al aire libre donde dividían las aulas con nylon en pleno invierno. Ahí aprendimos que pese a todo uno tiene que rebuscárselas para aprender. Que no siempre vas a tener las condiciones ideales para hacer algo”, recalcó.

Ver la limitación como un obstáculo o una oportunidad de superarse fue la disyuntiva en la vida de Adrián, él eligió superarse y los logros vinieron con creces.

“El poder de la imaginación junto con el sentimiento hacen que los objetivos se concreten, los ejemplos están. Si uno mira la historia de los grandes atletas del mundo, casi ninguno tuvo las condiciones ideales”.

DE PROFESION CHANGARIN

Ya consagrado como lanzador, Adrián retornó a Comodoro como profesor de educación física y entrenador de atletismo. Cómo docente se desempeñó en escuelas primarias hasta el 91, cuando la erupción del volcán Hudson se hizo presente con sus cenizas en Comodoro Rivadavia.

“Fue como un click, yo tenía hijos chicos y me dije si quería este tipo de vida. Largué todo (trabajaba bien, de 8 a 23 horas) y nos fuimos a vivir a Lago Puelo. Así con lo puesto, sin trabajo ni nada. De hecho empecé de ayudante de albañil y cuando me censaron pusieron ‘de ocupación changarin’. Y a mí no me molestó, porque yo buscaba calidad de vida para mi familia”, destaca.

Con el paso de los años, Adrián se pudo acomodar, retomar la docencia y se dedicó –junto a su esposa y psicóloga Cuqui Arroyo- a la medicina alternativa, donde conecta todo: alma, cuerpo y mente.

Respecto al llamado de El Patagónico por su marca imbatible, Adrián se muestra sorprendido “Hace dos años hicieron un torneo en homenaje a mi récord. Hasta ahí no era muy consciente de lo que había conseguido. Pero creo que si algún mensaje hay que dejar, es que ese récord se puede superar. Y ojalá eso suceda, porque estamos en esta vida para superarnos y ser felices”, sentenció.

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