El calvario de Susana: violencia de género, femicidio, suicidio y un infarto

La vida de Susana Álvarez fue atravesada por la violencia durante toda su vida: fue víctima del padre de sus hijos, su hija fue asesinada en 2017 por un policía en un hotel y, meses más tarde, su hijo se quitó la vida.

Susana Álvarez tenía 53 años cuando entró a principios de agosto al hospital de Resistencia, Chaco, por una neumonía, tuvo un preinfarto y varias crisis respiratorias. A los días volvió a su casa, y tres semanas más tarde, este martes, murió por un paro cardíaco.

Llevaba 20 años de violencia de género marcados en su cuerpo, estaba muy deteriorada, y padecía una depresión crónica por el femicidio de su hija Giulinana y el posterior suicidio de su hijo Nicolás.

FEMICIDIO

El 14 de julio de 2017, todo Chaco se conmocionó por la noticia del crimen de Giuliana, de 13 años. La encontraron muerta de un disparo en el hotel Alfi, en el centro de la cuidad de Resistencia. Junto a ella estaba el cuerpo de Adrián Orlando Sánchez, de 29 años, un policía de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires.

Mediante un perfil de Facebook falso, el hombre había citado a la adolescente y después de matarla se pegó un tiro en la cabeza. La causa fue caratulada como “femicidio seguido de suicidio” y se cerró al poco tiempo.

"Nunca se investigó la responsabilidad del local por haber dejado entrar a una menor ni se inhabilitó. Tampoco se hizo una investigación interna en la policía”, señaló Sofía Benítez de la Línea 137 - que atiende emergencias y hace seguimiento de víctimas de violencia de género- quien tomó contacto con Susana a partir de la tragedia.

UNA VIDA MARCADA POR LA VIOLENCIA

“El femicidio de Giuliana parece ser un punto de llegada de una historia de muchas violencias”, explicó a minutouno.com Silvana Pérez, psicóloga del Centro de Asistencia de Víctimas de Violencia de Género de Chaco, quien la acompañó en su tratamiento a Susana y a sus hijos en los últimos años.

La violencia se remite a mucho años atrás. Susana era de la Provincia de Buenos Aires. De muy joven tuvo 3 hijos con un hombre. Más tarde conoció a Cristian Alejandro Solís, con quien tuvo 3 más (entre ellos a Giuliana) y quien la sometió a múltiples violencias. En 2011 se trasladaron a Florencia, una localidad de Santa Fe pegada a la frontera de Chaco, donde vivía la familia del hombre. Además de los hijos de la pareja, los acompañó Agustín, el nene más chico de su pareja previa.

Fue quemada y marcada el cuerpo con una espumadera caliente y la desmayó de un ladrillazo en la cabeza

Susana contó que durante su estadía en Santa Fe perdió contacto con toda su familia y amigos. “La familia de él era una especie de guardiacárcel del violento. En esos años se produjeron episodios de mucho maltrato hacia ella y sus hijos: Fue quemada y marcada el cuerpo con una espumadera caliente y la desmayó de un ladrillazo en la cabeza”, aseguró Pérez.

En 2013 logró escaparse con los cuatro chicos y sin tener un peso se instaló en Resistencia. Alquiló una casa en el barrio “Villa Gonzalito” y empezó a trabajar como empleada doméstica. Al poco tiempo, Solís la encontró. En esos meses, ella hizo una primera denuncia en la comisaría porque él se había atrincherado en la vivienda, secuestrando a toda la familia durante tres días.

Él iba y venía de la casa con la excusa de que quería ver a los hijos. A fines de 2014, la golpeó y la dejó tirada inconsciente en la vereda. Los vecinos intervinieron y la asistente social del barrio la llevó a la comisaría de la mujer donde dictaron para el agresor una prohibición de acercamiento.

“Se intentó armar como podía. Cuidaba a sus hijos del contacto exterior y los enviaba solamente a la escuela y a la iglesia evangélica del barrio”, contó Pérez. El día que Giuliana fue al encuentro con el policía, los hermanos creyeron que había ido a una actividad religiosa. Meses después de su muerte, su hermano Nicolás, de 17 años, se suicidó porque no pudo superar el duelo.

Pérez recordó que Susana llegó al Centro poco después del femicidio de su hija. “Sufría de depresión crónica postraumática y no tenía una red de contención porque le temía mucho al afuera. De a poco pudo hacer esa red con la escuela y con las organizaciones feministas que la acompañaron a ella y a sus hijos”.

La violencia genera problemas de salud integral en las víctimas, produce un efecto de salud tanto en las mujeres como en los hijos

Las reiteradas violencias que padeció y la angustia por la muerte de sus dos hijos generaron secuelas grandes en su salud. Según explicó la psicóloga, las consecuencias físicas en las victimas son frecuentes en esos casos: “la violencia genera problemas de salud integral en las víctimas, produce un efecto de salud tanto en las mujeres como en los hijos”.

El equipo realizó una investigación sistemática en que relevaron que las mujeres que atraviesan estas experiencias traumáticas padecen muchas veces trastornos alimentarios, infartos, hipotiroidismo, problemas respiratorios y de huesos. “En ocasiones dejan de registrar el cuerpo porque la violencia genera que se pierdan los registros defensivos y de cuidado propio. Si a eso le sumas la marginación, la pobreza, la violencia económica, los reiterados problemas físicos que producen los golpes y las marcas psíquicas se entiende cómo afectan a su salud”.

A partir de la muerte de Susana, las organizaciones feministas e instituciones que la acompañaron en los últimos años buscan la protección de los dos hijos más chicos - de 11 y 14 años-. Benítez, de la línea 137, aseguró que piden que no se los revincule con Solís y que queden al cuidado del hermano mayor, que hoy tiene 21 años. Además piden que el Estado se ocupe de darles una vivienda y una reparación económica.

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