La música puede salir de una guitarra, de una computadora vieja, de una máquina industrial, de un cable conectado al cuerpo o de una caja de metal atravesada por un arco de violín. Puede tener ritmo y melodía o prescindir de ambas cosas. Puede incomodar, desconcertar o incluso provocar que alguien abandone la sala. Para quienes impulsan el ciclo Expediciones Sonoras, todo eso forma parte de la experiencia.
El sábado 13 de junio a las 20:30 (entradas disponibles al WhatsApp 1132670392), Patio Ilustrado será escenario de una nueva edición de este encuentro que en esta ocasión reunirá a Kion y cabravieja. La propuesta continúa el camino iniciado en Ma’ Que Teatro y busca consolidar un espacio para expresiones que escapan de los formatos habituales del circuito musical.
"La idea es empezar a generar una escena de música no convencional", resume Kion en entrevista con El Patagónico. El objetivo no pasa por reproducir fórmulas conocidas ni por ofrecer espectáculos previsibles. Cada presentación está pensada como una experiencia única.
"En la música experimental se suele trabajar con conceptos y por eso un mismo artista puede usar distintos sets incluso en cada presentación. Y si usás el mismo set, puede haber variables completamente distintas", explica cabravieja.
La dificultad para definir qué ocurre en este tipo de encuentros es parte de su esencia. "Se van a encontrar con proyectos fuera de lo convencional y fuera de lo comercial básicamente", agrega Kion. Para ella, asistir implica aceptar la posibilidad de encontrarse con propuestas que rompan expectativas y desafíen hábitos de escucha. Esa búsqueda tiene raíces profundas en las trayectorias de los artistas que integran el ciclo.
cabravieja creció rodeado de música. Metallica y Rata Blanca sonaban en su casa gracias a su padre y su hermano, aunque el verdadero punto de inflexión llegó de una manera inesperada: jugando al Guitar Hero.
"Siempre digo que aprendí a tocar la guitarra jugando al Guitar Hero. Después me pasé a la guitarra de verdad. Ese fue el disparador". A los 10 u 11 años tuvo su primer instrumento y comenzó una formación que pronto se expandió más allá de las clases formales.
Kion.
La curiosidad lo llevó a experimentar con afinaciones alternativas, efectos y pedales hasta llegar a un territorio donde la guitarra podía dejar de sonar como guitarra. "Podía lograr sonidos medio similares a los de la música electrónica. Entonces pensé: ¿y si junto las dos cosas? De repente la guitarra ya no suena como guitarra y me parece muy divertido".
El recorrido terminó desembocando en el noise, un género que conoció a través de la escena japonesa. Allí encontró algo más que una estética sonora.
"El noise es muy caótico, se presta mucho también para cierta performance. Ese momento de catarsis, de descarga de emociones muy fuertes, fue lo que principalmente me atrapó".
En la primera edición del, en la que participaron Once y CyberGinTic. ciclo llevó esa lógica al extremo. Utilizó dos líneas de sonido procesadas por pedales, una noisebox construida por el artista local Santi Moreno (Os Cabeza da Cuchi y Elquecambia) y un cable pelado que generaba estática mediante el contacto con su propio cuerpo. El resultado fue una pared de ruido construida a partir de elementos que difícilmente aparezcan en un recital convencional.
Kion también llegó a la experimentación desde una necesidad expresiva. Su historia musical comenzó a los siete años, cuando vio el videoclip de "Basket Case" de Green Day. Aquella experiencia la llevó a pedir una guitarra eléctrica y a iniciar un camino que años más tarde la trasladaría a Mendoza, donde encontró una escena experimental que transformó su manera de entender la música.
Allí conoció a Gabriel Serini, un artista que realizaba música con objetos de descarte. "Era romper muchas estructuras al mismo tiempo. También esta idea de que tenés que tener plata para hacer música".
Junto a él participó de proyectos que incluían tubos de PVC, materiales recuperados e incluso sesiones construidas únicamente a partir de sonidos producidos con agua. Más adelante apareció otro descubrimiento decisivo: una Commodore 64 convertida en instrumento musical.
cabravieja.
"Me enamoré de ese instrumento por todas las variables e imperfecciones que tiene. Tiene muchísimos armónicos, suena distinto cada vez que la conectás según el voltaje que haya en el lugar. Tenés que esperar que se caliente porque el sonido va cambiando a medida que se va calentando".
La computadora de los años 80 terminó convirtiéndose en una de las marcas distintivas de su proyecto artístico. Para ambos músicos, la experimentación está estrechamente ligada a la catarsis y a la necesidad de expresar aquello que no encuentra lugar en formatos más tradicionales.
"Yo necesitaba hacer algo más catártico. La guitarra me encanta, pero no sentía que podía expresar ciertas emociones más fuertes", dice Kion.
cabravieja coincide. "La mejor manera de expresar lo que necesito expresar me sale a través de la instrumentación, no de las palabras". Sin embargo, eso no significa ausencia de contenido. En su proyecto Gvanaco, por ejemplo, algunas composiciones abordan temas específicos vinculados a la salud mental y el suicidio.
"Hay varios temas que tienen una impronta específica. Uno de ellos es Caída Libre. Antes de tocarlo menciono que la canción va de eso. Todo bien con la libre interpretación, pero necesito expresar desde dónde está hecha esa música".
El ciclo también propone una reflexión sobre los espacios donde circulan estas expresiones. Más que instalarse en escenarios tradicionales, busca construir vínculos con ámbitos autogestivos y públicos diversos.
"Me parece que está bueno que los públicos se mezclen y que las personas que están acostumbradas a encontrar siempre cierta cosa en un lugar se encuentren con otra completamente distinta", plantea Kion.
La incomodidad aparece entonces como una herramienta artística.
"Creo que lo que más contribuye en todo esto es proponer un poco de incomodidad para que la gente se anime a ver otras cosas".
La anécdota favorita de cabravieja ocurrió durante la primera edición, cuando parte de su familia asistió esperando encontrarse con un recital convencional.
"Cuando terminó, mi tía se acercó y me dijo: 'No es para mí'. Y yo le respondí: 'Si te vas incómoda, cumplí mi propósito'". Porque si algo une a los artistas que integran este ciclo es la decisión de escapar de los automatismos. "Ya el hecho de no predisponer a la acción automática es bastante el objetivo", resume Kion.
Además de consolidar un espacio para propuestas alejadas de los circuitos comerciales, Expediciones Sonoras mantiene abierta una convocatoria para sumar artistas a futuras ediciones. La invitación está dirigida a proyectos de música experimental, sets no convencionales, música concreta, ambient, drum set y otras expresiones sonoras que exploren caminos alejados del mainstream. La intención es seguir ampliando una escena que comienza a ganar visibilidad en Comodoro Rivadavia y generar nuevos espacios para la experimentación artística.
En tiempos donde las plataformas digitales tienden a uniformar las experiencias de escucha y los algoritmos anticipan lo que cada persona consumirá después, la música experimental propone exactamente lo contrario: entrar en una sala sin saber qué va a pasar. Una invitación a escuchar sin certezas, a dejarse atravesar por lo inesperado y a descubrir que la incomodidad también puede convertirse en una forma de arte.