Oscar De Brito, el hombre "dinamita"

El velocista fue campeón nacional en todas las categorías y perteneció al "semillero" de un grupo de notables formadores del atletismo. "En cien metros, cada paso es de 2 metros. A un paso por segundo, necesitas 10 segundos y una sola bocanada de aire para llegar", describe el ingeniero mecánico.

Hace años, allá por los 60’, en cada escuela se realizaban pruebas de resistencia, como el test de Cooper, que es una prueba de resistencia que se basa en correr la mayor distancia posible en 12 minutos a una velocidad constante.

¿Qué buscaban los profesores de educación física de época? Nada más y nada menos que ser promotores de salud de sus estudiantes. Porque esos datos se anexaban a un sistema escolar que continuaba en la secundaria para poder establecer si había progresos en esos alumnos. Caso contrario se los derivaba al médico.

Promotores de la salud y la educación integral de los jóvenes era la carta de presentación de esos docentes.

En ese contexto, Oscar Eduardo De Brito dejó en claro que era “dinamita” en estado puro. Porque su contextura y su fuerza explosiva aceleraban su cuerpo en menos de lo que se puede aplaudir dos veces seguidas.

Esa capacidad lo llevó a ser campeón nacional en todas las categorías que participó. Además de postas y recorrer escenarios latinoamericanos.

“En la escuela 13 había muchas competencias, incluso había un sistema de test Cooper de 12 minutos, que servía para hacer un seguimiento año a año. Pero era más que nada por salud para ver la evolución”, comentó Oscar De Brito a El Patagónico.

El “Griego” (Jorge) Milathianakis era el profesor de educación física de la escuela primaria 13 del barrio José Fuchs, y fue el primer formador que tuvo De Brito.

“El ‘Griego’ me llevó de las 13 a la ENET 1, donde él era el jefe de equipo de atletismo. Además estaba Roque Tótaro ahí. Y empecé las competencias. Primero en los ‘escolares’ (que eran para alumnos de primaria) y luego en los intercolegiales (secundario). De hecho, una de las primeras competencias fue en el estadio municipal. Ahí conocí a ‘Pila’ Páez como entrenador”, recordó.

CONTRA LA RAYA

Con 15 años, y descendiente directo de portugueses, Oscar tuvo su paso por el fútbol con los colores de la entidad “lusitana”, que tenía en Sexta división a Norberto Díaz Gago como DT, y a él como marcador defensor central, con la 2 en la espalda.

“El esquema de juego era con 3 en el fondo. Y yo al borde del orsai. Entonces si un rival se escapaba, mi misión era ‘arrastrarlo’ contra la raya. Y a mí me iba bien, porque el delantero venía en velocidad y si pasaba, yo giraba y le metía velocidad. Y con 1,82 de altura lo ‘arrastraba’ contra la raya…o el alambrado”, recuerda entre risas.

Fue en uno de esos partidos que el árbitro Albino Saavedra (campeón nacional en los 5 mil y 10 mil metros) lo vio y lo invitó a sumarse al atletismo en el estadio municipal.

Desde ese entonces, Oscar ya no dejaría las marcas en el rival sino en una planilla y en diversos escenarios de Latinoamérica.

“Del estadio municipal y con ‘Pila’ Páez en el 75, Oscar clasificó al Provincial y luego al Nacional de menores. El primer año salí campeón nacional en 200, 400 y la posta 4x400 representando a Chubut”.

Para el joven De Brito, el deporte era como un entretenimiento. Con la diferencia que la calidad de entrenadores junto con la de dirigentes y el deporte en la escuela, situaba a Comodoro en lo más altos estándares.

INTERNACIONAL

Con 16 años se fue al Sudamericano de Quito (Ecuador). Sus padres le firmaron un poder y se fue con el equipo argentino en el primer año de atletismo. El resultado: récord sudamericano en 200 metros.

“En el 73 se hizo el Torneo Sudamericano de menores en Comodoro, con una calidad y organización de primer nivel. Gracias a personas del atletismo como Eduardo Bernal, Roque Tótato, Alberto Pocoví y otros. Y el estadio municipal se llenaba. No solo se atletas sino de las escuelas, donde todos sabían de qué se trataba el atletismo y cuáles eran sus representantes”, comenta con un dejo de nostalgia.

Para De Brito, lo que surgió como pruebas para observar el desarrollo y la salud de los alumnos de la escuela 13, lo llevó a integrar la Selección Argentina de Atletismo y a poner en evidencia esa fuerza explosiva hasta en la pista de Porto Alegre (Brasil).

“Está demostrado hoy por hoy que el ejercicio físico tiene múltiples beneficios para la salud. Por eso cada vez gente más grande se suma a hacer algo. Lástima que no continúa en la escuela, donde por empezar recortaron la cantidad de horas de educación física y ahora algunas clases parecen un recreo nomás”, expresó.

DOS CARRERAS A LA VEZ

Respecto a sus padres –su hermano se destacó en salto en largo pero a los 14 se retiró de la actividad- no tuvo mayores trabas. Porque las cosas eran claras.

“Mis viejos querían que su hijo sea técnico. Y yo cumplía como estudiante (fue escolta de la Bandera Nacional) porque tenía taller a la mañana y a la tarde clases. En el medio entrenaba. Así que no había ningún reproche. Eso sí, a las 22 ya estaba ‘muerto’ y durmiendo”, detalló.

Que Roque Tótaro fuera el director en la ENET 1, le sirvió a Oscar para poder viajar y no perder inasistencias en la escuela.

“Cuando terminé la secundaria me decidí a ‘correr’ otra carrera y me anoté en ingeniería mecánica en la universidad local. Así que ahí ya tenía menos tiempo para competir. En especial, porque cada torneo significaba dos días en colectivo, bajar y competir y volverse. Y en el medio alimentarse con lo que haya y entrenarse de la misma manera”, recalcó.

CUESTION DE NUMEROS

Con 26 años, Oscar se retiró del atletismo. Sigue relacionado con el deporte como el que da la voz de largada en los encuentros que se desarrollan en la pista de Km 4.

“Ya desde chico, el ‘Griego’ nos hizo partícipe de esto. De tomar tiempos de nuestros compañeros, de ayudar a adecuar el escenario. Luego seguí por mi cuenta. En definitiva, cuando te pones en la línea de largada sos vos y nadie más que vos. No hay rivales, no hay nada. El ‘largador’ dice a sus marcas, listos y respirás hondo y con una sola bocanada de aire, y salís para poner toda tu masa corporal en una velocidad máxima. Tus pulsaciones llegan a 190 pero no importa, porque en cien metros, cada paso es de 2 metros. A un paso por segundo, necesitas 10 segundos, 45 pasos y una sola bocanada de aire para llegar”, enumera.

Y una vez más, De Brito “explota” a la máxima velocidad. Y llega a la meta. Esa meta que en un principio fue en la escuela 13 y con un “Griego” como maestro, que luego mutó para pisar diversas pistas. Y que a la vez fueron las aulas de una educación técnica de jerarquía que el menemismo destruyó con la reforma educativa y que continuó en las aulas de la Universidad de la Patagonia.

“Una vez le preguntaron a (Ringo) Bonavena en qué o quién pensaba cuando tocaban la campana. Y él respondió que en nadie, porque te sacaban el banquito y estabas solo frente a negro de 110 kilos que te quería arrancar la cabeza. Entonces solo pensabas en vos. En el atletismo es lo mismo, entrenas y con eso buscas ser mejor vos mismo. Ese es el objetivo: mejorar con uno mismo”.

En la actualidad, una vez por semana el hincha de Racing camina entre 7 a 9 kilómetros. Más que nada para mantener esa salud que sus profesores de educación física supieron hacer aprendizaje en su persona.

También pasó por el fútbol de veteranos, donde salió dos veces campeón con Rada Tilly. Con esa camiseta jugaba en el mismo puesto de joven y con la misma función “mantener a raya al rival”, usando su fuerza explosiva y su humanidad para asegurar el fondo.

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